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Noche de copas [Privado]

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Noche de copas [Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 18, 2013 6:44 am

La noche anterior se la había pasado revoloteando en su habitación, de un lado para otro, incómodo por que no podía conciliar el sueño, estaba demasiado caliente como para siquiera soportarlo, no recordaba cuando había sido la última vez que había tenido una buena cesión de sexo con alguno desconocido que fuera atraído por su hermosa apariencia, algunas veces eso le servía de mucho pero otras simplemente le aburría que le miraran solo por eso. Recordaba que alguna vez se había dejado llevar por la pasión del momento y había terminado en algún altar siendo adorado como mero símbolo carnal por una consuma orgía de algún culto. No era bueno fingiendo pero por extraño que fuera junto a esas personas lo había hecho de maravilla se le pegaba esa facilidad de mentir y engañar; y es que a él le salía tan natural que empezaba a aprender a hacerlo. Se sentó en el borde de la cama pensando cómo salir corriendo a satisfacer sus vagas necesidades, cuando escuchó que tocaban a la puerta, se tensó inmediatamente, creyó que sería algún empleado de su mansión así que se levantó tal y como estaba, desnudo, y abrió la puerta con cuidado para recargándose en el marco de esta, mirándole de soslayo sin algún tipo de expresión en su rostro, no tenía deseos de hacerlo con ese escuincle, su cuerpo había dejado de atraerle desde que se enteró que tenía pareja, ¿Qué manera de venir a joderse la existencia? Privando a los demás de seguir con el goce y el desenfreno, atarse a una persona de esa manera, vaya característica tan oxidada de la gente. ¿Qué deseas? –preguntó malhumorado mientras arqueaba ligeramente su ceja izquierda, detestaba que le interrumpieran si no había un motivo bueno de por medio, si hubiera estado más enfadado le había reventado la mano en su mejilla, pero afortunadamente para el chiquillo le había encontrado en su sano juicio. E-el señor quiere verlo . . . contestó todo gangoso y encogiéndose de hombros avergonzado por la desnudez del que estaba frente a él. Él más sin en cambio encontraba fabuloso el andar desnudo por cualquier lugar, la noche y el dormir solo eran un pretexto absurdo para quitarse la ropa, puesto que encontraba fascinante el andar presumiendo su hermosa anatomía, siempre encontraba un buen motivo para enseñar su blanca piel, sus largas y delgadas piernas, sus brazos enclenques pero agraciados y la manera en la que contrastaba su cabello con el tono pálido de su cuerpo. El simplemente se encontraba hermoso y perfecto.


Se exaltó al escuchar sus palabras, era más que obvio que no podía decirle que no atendería al llamado puesto que su padre deseaba verlo enseguida y sabía que no debía desobedecer, chasqueó su lengua frunciendo ligeramente su nariz y se giró para buscar su bata, a sabiendas de que fuera lo que le pidiera el viejo demonio sería conforme reaccionara, tal vez y hasta sacaría algo de provecho al tener que bajar. Tomó la fina y sedosa prenda entre sus manos y sin ponerse algo más la vistió dejando que arropara gentilmente su cuerpo y se ciñera a su delgada y bien marcada cintura, abrazando su contorno como si fuera una extensión más de su piel. Se miró unos momentos al espejo y recogió su largo y azabache cabello con una peineta regalo de su madre y avanzó hacia el sirviente.- Anda, vamos~ –contestó desganado mientras comenzaba a avanzar por el largo y tenuemente alumbrado pasillo, el cual estaba recubierto por una alfombra de la misma extensión color rojo. Alzó su muñeca y la giró esperando ver la hora pero solo se encontró con su piel, había olvidado que cuando se desnudaba por completo se quitaba cualquier accesorio absurdo que cubriera algún pedazo de su piel. Exhaló profundamente y miró al puerta de aquel despacho al que, muchas veces de pequeño le había temido. Posó su mano lentamente sobre el pomo de la puerta y lo giró para abrirla, el lugar seguía igual de lúgubre que de costumbre, mas sin en cambio esta vez ya no le atemorizaba como cuando pequeño, ahora era él el que infundía miedo sobre aquella arrugada y encorvada silueta vieja. Cerró la puerta tras de sí y le sonrió con desgano a su padre, el cual se limitó a entregarle un sobre, en el estaban escritos todos y cada uno de sus deseos antes de esfumarse en forma de humo a la nada. Tronó su boca hastiado de la situación y apretó con fuerza el sobre hasta doblarlo, el no seguiría las reglas de su familia, no las que ellos imponían, no de nuevo.

Salió echo un relámpago de regreso a su habitación, ahora más que nunca necesitaba sacar toda esa frustración, el hecho de ser alguien diferente no le hacía perderse los estragos que dejaba la vida, entró echó una furia a su alcoba y se sacó la bata que llevaba para después abrir las grandes y pesadas puertas de roble de su armario, buscando algo mejor que usar, sacó una cazadora de cuello negra, unos pantalones ajustados de mezclilla y unas botas, se colocó una remera de manga larga de cuello color roja y tomó las llaves de su Harley, salió de su cuarto azotando la puerta tras de sí y avanzó fuera de aquel lugar que a veces sentía como si le sofocara y en cualquier momento le terminaría por robar toda la libertad que el mismo se había forjado. Montó en su Harley, la cual no necesitaba pero le encantaba verse ostentoso , además hacía juego con su vestimenta, y salió rumbo a la ciudad, esa noche quería que fuera eterna, pues planeaba divertirse como solo él sabía hacerlo, toda la noche.

Llegó al lugar algo abrumado, una intempestiva lluvia le había atrapado en el camino y a pesar de que hubiera preferido no utilizarlo, terminó poniendo un escudo telequinesico alrededor de él y su moto, eso de ser un genio a veces le servía de mucho, aunque algunas veces prefiriera no serlo. El ser invisible a veces le era de utilidad pero otras no tanto, detestaba que la gente no pudiera ver su hermosa apariencia, lo perfecto que era, estacionó cerca de un bar, el más mundano que había encontrado, aquellos que acudían a ese tipo de bares casi siempre estaban sumidos en una vida de porquería, eran la peor escoria que alguna vez pudiera haber existido, solo iban con el fin de encontrar quien acabara con el pedazo de existencia que aún les quedaba y por supuesto, él era un ser muy compasivo y le encantaba mofarse de aquellos seres y ver como después de meterse en su mente y jugar con ellos decidían terminar con sus vidas, porque sí, él era un genio, la especia más poderosa sobre todos, no había nada que no pudiera hacer, ni siquiera la muerte podía con él, esta le reverenciaba con vehemencia.

Bajo de su moto y la desapareció regresándola a casa, luego de que los curiosos le habían observado un largo rato preguntándose a quien pertenecería, sonrió complacido al ver sus caras de asombro ante su acto y entró al lugar paseándose altivo y presuntuoso hasta la barra, mirando por encima de su hombro a los pocos que estaban a esas horas. Se sentó en un banquillo semi alto y sonrió al cantinero que enseguida comenzó a filtrear con él, no era para menos, esos ojos color amatista que poseía encantaban a todo el mundo. Estaba mirando a la nada cuando escuchó como unas mesas caían contra el suelo, unas voces algo alteradas, tal vez por el alcohol, comenzaban a insultarse y luego lo inevitable tras esos insultos, golpes. Se giró con su bebida en mano esperando ver algo entretenido pero cuál fue su sorpresa al ver a un chiquillo de apariencia debilucha, ponerse al tú por tú con aquellos fornidos hombres, eran tres en total y se veía en sus ojos algo más que deseo y lujuria, se relamió los labios y enseguida controló las mentes de los ahí presentes para que no se atrevieran a interferir en la pelea de él joven contra aquellos tres, si terminaban violándolo sin duda quería verlo.

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Re: Noche de copas [Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 18, 2013 7:50 am

Mi día había sido totalmente aburrido, no había encontrado una mierda para hacer ni mucho menos alguien para pasar el rato, aunque tampoco permitía que nadie se acerque. Mi carácter dejaba mucho que desear, pero eso me importaba poco y nada. Toda mi vida me había valido por mi cuenta, incluso cuando mis padres debía cuidarme. ¡Ja! La simple idea de ver a ese par de jaguares ancianos llevándome la contra me hacía romper en risas. Desde que me había revolucionado y negado a todas sus advertencias comenzaron a enseñarme a los golpes, pero eso fue, claro, hasta que mi fuerza despertó, acompañada de una ira incontenible. Creo que desde entonces me han tenido miedo, por ese mismo motivo me dejan hacer lo que quiero, y así estoy feliz. O al menos satisfecho.

Estaba decidido a olvidarme del aburrimiento, si no podía divertirme durante el día, entonces lo haría durante la noche. La luna se alzaba en el firmamento como si este le perteneciera, orgullosa de enseñar su blanco color a todos para que la apreciaran. Era gracioso como alababa a la luna y la creía tan egocéntrica mientras que a todos los seres vivos los despreciaba casi por completo. Creo que al ser algo inalcanzable se volvió... ¿Especial? Creo que esa sería la palabra, aunque no estoy seguro, jamás he tenido a nadie cercano ni pienso tenerlo.

Al fin había llegado a mi destino, aquel bar de cuarta donde conseguía mis bebidas gratis gracias a que el cantinero me temía. Al llegar me senté en una mesa, esperando a que me observara. Cuando lo hizo sonreí ladino, viendo como se estremecía. Este pequeño acuerdo se debe a que una vez intentó propasarse, intentó hacerse el listo conmigo; sin embargo, eso había sido un grave error. Le había roto los brazos en aquellos tiempos. Pude verlo llorar y suplicar por su vida, ofreciéndome todo lo que tenía a cambio de ella. Yo, por supuesto, me negaba a todo. Excepto, claro está, la idea de las bebidas gratis. Solo por eso lo dejé vivir, y gracias a ello ahora ese lugar, o al menos la bebida, me pertenecía. Más allá de ello, el hombre intentaba no prestarme atención, lo cual no me molestaba.

Al haber recibido mi trago de siempre simplemente lo bebí de una vez, viendo luego como entraba un hombre alto, esbelto y bien parecido. La rapidez con la que el cantinero empezó a coquetear con él me causó demasiada gracia. Estaba a punto de soltar una risotada cuando tres sujetos se pararon delante mío, impidiéndome la visión de la barra- Oye gatito, ¿por qué no te vienes a pasar el rato con nosotros? -al escuchar aquel adjetivo con el que intentaba describirme los cabellos de mis orejas y cola se erizaron como un felino enojado. Esa había sido una mala combinación de palabras. Los observé con desprecio mientras dejaba que el aura asesina comenzara a hacerse presente en mí, clavando mis ojos en quien había pronunciado aquel intento de flirteo- No me acuesto con ignorantes. ¿Qué ocurre? ¿Tu novia no te satisface? Oh! Espera, un animal como tú jamás tendría novia -comenté mientras terminaba la segunda bebida que me habían alcanzado antes de que estos tres ineptos me hablaran. Lo único que quedó grabado de ellos en mi mente eran sus diferentes tonos de cabello, no me molestaría en aprenderme sus rasgos. Uno era rubio, otro pelirrojo y el tercero castaño.

En el momento que dejé el vaso sobre la mesa, esta salió volando hacia un lado, dejándome sentado en la mesa frente a esos tres imbéciles- Escucha niño bonito, te vendrás con nosotros lo quieras o no, tengo un collar que quedará perfecto en ese cuello de gato -el intento del castaño por intimidarme solo me dio risa, logrando que dejara escapar una enorme risotada- ¿Crees que iré con ustedes? -volví a reír con ganas antes de sentir el golpe en la cara. En realidad no lo sentí, lo escuché. El dolor vino después. Giré parte del torso por ese mismo motivo. Se ve que no se iban a detener. Pude ver como una patada iba dirigida hacia mí, por lo que, con la agilidad de un felino, me escabullí, acercándome al rubio que intentó patearme para hacer lo mismo, dándole en la entrepierna. Me volví hacia los otros dos, ya que el rubio no se levantaría por un rato.

Los golpes iban dirigidos directamente a mi rostro, pero, como si fuera en cámara lenta, me agaché, pegando mis palmas una en cada pecho y clavando mis uñas, las cuales estaban bastante largas. En el momento que sentí la carne ceder a mis afiladas "garras", bajé rápidamente, dejando un camino de sangre por todo sus torsos- Ups... Debo cortarme las uñas -dije mientras les veía retorcerse de dolor. A pesar de ello, volvieron a intentar atacarme, pero volví a escabullirme, introduciendo mi pierna por entre las del pelirrojo para hacerle caer sobre el castaño. Ambos cuerpos en el suelo me observaban con ojos sorprendidos, pero al ver que estos volvían a tener esa aura de violencia me preparé nuevamente. El problema fue que me había olvidado del rubio. Unos fuertes brazos me aprisionaron en una especie de abrazo, elevándome del suelo. Como un gato queriendo huir comencé a retorcerme, propinando patadas y dejando escapar sonidos como de un felino enfurecido.

Los otros dos lentamente se levantaron, sacudiendo un poco sus ropas mientras me observaban. Al ver que "no tenía salida", me quedé quieto, clavando mi mirada en aquellos despreciables seres- El gatito tiene garras... -susurró el castaño, seguramente el líder de los tres, antes de intentar acariciarme la mejilla. Lástima que mi mal carácter y mi aura asesina aún no se iban. Mordí su mano, más específicamente su dedo mayor para, en medio de sus gritos de dolor e insultos, arrancárselo con mis fauces. Escupí su extremidad antes de sonreír, mostrando mis dientes con su sangre- Si quieres una noche conmigo tendrás que soportar esas cosas~ -canturreé como un niño pequeño, notando ahora, la mirada de miedo en sus ojos. Que divertido era jugar con ellos, pero era mejor la idea de saber que no se acercarían a mí de nuevo.

Finalmente me soltaron, recogieron el dedo y escaparon como las ratas que son- Prefiero un jabalí a una rata.... -comenté tranquilo, sacudiendo mis ropas y acercándome a la barra para hablar con el cantinero- Oye, dame otro -dije, sabiendo que sabría a que tipo de trago quería. Necesitaba quitarme ese desagradable sabor de la boca, sin mencionar que prefiero el olor a alcohol al de esos tipos.

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Re: Noche de copas [Privado]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 19, 2013 7:22 am

Se relamió los labios al imaginar la escena, en su mente ya se había visualizado la tortura que seguramente le harían experimentar a ese Basted, si fuera él el que se encontraba en esa situación no permitiría que aquellos tipos escaparan con la cola entre las piernas luego de haberlo insultado de mal manera, aunque viéndolo desde otro ángulo, ni siquiera eran buenos humillando gente, él podría haberlo hecho mejor. Que decepción, pensó para si mismo mientras acariciaba su propio labio inferior con la yema de su dedo pulgar de la mano derecha, entrecerró los ojos al escuchar el intento de filtreo por parte de los desconocidos hacia el pequeño gato y sonrió mientras le daba un trago a su bebida, un tequila puro, la mejor bebida alcohólica que podía con sus sentidos. Le era demasiado fácil manipular las mentes de los presentes, por lo que los volvió a que hicieran lo que estaban haciendo antes de que se apoderara de sus sentidos. Su estómago dejo un gruñido, al sentir como la bebida previamente tomada le pasaba quemando la garganta, resbalando suavemente hasta llegar a su estómago, el cual no tenía alimento alguno en él, pero muchas veces pensaba que no era necesario alimentarse con comida, mientras pudiera alimentarse de almas puras lo demás estaba de más.

Escuchó el ruido que hacía la mesa al ser despedida por los aires y arqueó una ceja clavando su mirada en los tres tipos contra el gato, en verdad eran patéticos a la hora de proferir insultos o de tratar intimidar a alguien, aunque también el gato tenía los pantalones bien puestos. No parecía que estuviera fingiendo valentía que no poseía, La risa que profirió después de escucharles le hizo hacer una mueca en sus labios para luego observar como le estampaban un buen golpe en el rostro, sonrió ligeramente ante esto pensando en si el dolor que le habían causado con eso era fuerte o débil, se sorprendió abriendo sus ojos desmesuradamente al notar con que agilidad esquivaba y evadía a los tipos, noqueando a uno con un golpe bajo estúpidamente proporcionado, se acomodó mejor en su asiento para tener una buena vista de todo y siguió bebiendo, esto era lo que le hacía falta a su noche, una buena ronda de tequilas y golpes, nada mejor para acompañarse que ver el dolor ajeno, aunque el dolor propio muchas veces era más placentero.

Se remordió los labios con fuerza al olfatear el asqueroso aroma a sangre que provenía de esos tipos, ni siquiera eso tenían bueno, su aroma era repulsivo, su sangre estaba como podrida de seguro eran de la peor clase de seres que pudieran existir, sin duda alguna él les mataría en cuanto los ubicara de nuevo. Apretó sus manos fuertemente contra la delicada copa de vidrio y la reventó entre su mano rio, pero con un poco de magia la volvió a rehacer evitándose así la molestia de tener que incrustársele vidrios en su suave y perfecta mano. Justo cuando pensó que todo su espectáculo de medio tiempo había acabado, notó como el menor era atrapado y aprisionado entre los brazos del rubio, rio divertido al ver la manera en la que el menor se revolvía intentando deshacer aquel agarre, por un momento recordó a su hermosa mascota, un bello gato de color gris fuerte con ojos verdes, era mansito pero cuando sacaba las uñas se portaba igual que el que tenía ahí enfrente divirtiéndolo.

Tosió un poco adivinando la imagen que seguía y se relamió los labios alzando sus hombros en una pose totalmente arrogante y altiva, clavando una fiera mirada sobre la acción que seguía, estalló en sonoras risas al escuchar el grito de dolor que profirió el extraño al que el gato le había arrancado el dedo, era más sádico de lo que se había imaginado, una imagen bastante peculiar la de ese gato con las fauces llenas de sangre, una repulsiva sangre por cierto, alguien debía domesticarlo, aunque … era preferible que siguiera siendo salvaje, las cosas perdían su valor cuando cambiabas lo que eran, y sin duda, si alguien lograba hacer eso, ese gato dejaría de ser hermoso. Sí, para que mentirse, lo había encontrado hermoso, pero no más que a él, solo lo suficientemente hermoso como para que le dieran ganas de disecarlo y añadirlo a su colección de objetos hermosos.

Arqueó una ceja al observar como huían los cobardes y suspiro deshaciendo el encanto que había puesto sobre las mentes contrarias, mirando de soslayo al gato que se acercó como si nada a la barra, hablándole al cantinero y pidiéndole un trago, en cuanto este se lo trajo miró fijamente el vaso y transformó la bebida en tequila. Le observó detenidamente sin importarle si era descubierto por esos hermosos y dorados ojos, le sentaban bien a él sin duda. Sonrió pensando que si el quisiera podría haber sometido con facilidad al gato. Era una de las mas poderosas criaturas que existían en ese mundo, su especie era sin duda la más poderosa, estaba acostumbrado a obtener todo lo que quisiera con base en el medio, le gustaba volverlos adictos a su veneno, a su dolor y luego abandonarles, porque no había peor dolor en ese mundo que el de la soledad, eso lo sabía de sobra, todos temian a eso. Suspiró para sus adentros y se paso una mano por su largo cabello mientras volvía la vista al frente y sonreía ladino.- ¿Gato salvaje? – preguntó con un tono de voz burlón mientras terminaba de beber su vaso de tequila y pedía otro, le había visto actuar y había sentido su aura asesina pero no se comparaba con la que él poseía, no se comparaba con el dolor, el sadismo, la depresión, la ironía, la sed de sangre y burla de dolor que el mayor tenía hacía con todos. Nadie podía compararse a él en cuanto a eso, a menos que fuera otro genio, pero nadie como él y eso lo tenía bien presente, sabía como explotarlo, como usarlo contra todos, como derrochar ese seductor encanto envuelto en esa aura que transformaba la misma muerte en la más pura y divina expresión de pasión.

Recordó como se había hecho de ese talento tan especial que lograba erizar la piel de hasta el más valiente y el más sádico, nadie podía quitarle ese goce que sentía a la hora de dañar a alguien más, detestaba el hecho de que no fuera el único que pudiera disfrutar del sufrimiento ajeno y odiaba cuando esa persona lo disfrutaba pues le quitaba el placer que podía causarle, el gato le había traído esos recuerdos, aunque el olor a sangre no fuera precisamente bueno, la imagen que le había dado el gatito era lo suficientemente buena como para que intentara acercarse a hablarle, tal vez fuera diferente a los demás, tal vez pudiera rebelarse, los angeles eran tiernos y fáciles de dominar y pervertir, pero alguien como el gato, que estaba consiente de lo que quería y cuando lo quería, era todo un reto, no se encontraban muy a menudo, llevaría su tiempo, sería cansado pero seguramente divertido.

Miró de reojo nuevamente al chico y trato de calcular su edad, se veía sumamente joven, sin contar la sangre que llevaba encima podía decirse que tenía una apariencia algo angelical e inclusive tierna, aunque en este momento parecía más de película de terror que de nada. Esperó a que tomara su trago y se cruzo de piernas mientras recargaba uno de sus codos sobre la barra y comenzaba a pasar su dedo índice por sobre el borde la copa, provocando un ligero, agudo e intenso sonido que se extendía por todo el bar y se filtraba por los oídos de los presentes, sometiéndolos a un trance bajo el cual les ordenaba que comenzaran a besarse lentamente, se relamió los labios al ver de reojo a la primera pareja que había comenzando a seguir sus órdenes, en un lento vaivén de sexo concedido, despojándose sutilmente de sus ropas, tocándose unos a otros, inclusive el cantinero se había unido a la que sería la orgía, gemidos de lujuria y excitación se hacían presentes y llegaban como dulce melodía sus oídos, no importaba si eran hombres con hombres o mujeres con mujeres, todos exploraban cada parte de los cuerpo ajenos, el lugar comenzaba a llenarse del olor a sexo y sudor, las voces iban en aumento, ¡Ah! ¡Más! ¡Ahí!, coros resonando por todo el lugar, piernas y brazos enredándose para unir ambos cuerpos, sonrió complacido esperando escuchar la voz de aquel gato ¿Qué pensaría ante la imagen que se estaba dando? ¿Sabría que él la estaba provocando? ¿Tendría idea alguna de ante que ser supremo se encontraba? Todo eso podía saberlo si se metía en su mente pero eso sería demasiado fácil de hacer y el lo que quería era un reto, algo que ameritara utilizar sus poderes en son de ello.


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Re: Noche de copas [Privado]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 19, 2013 10:07 pm

Finalmente el incompetente del cantinero me trajo mi bebida, así que me propuse llevarla a mis labios para ingerirla, sin embargo, en el trayecto que tardé en llevar el vaso hasta mi boca pude sentir el aroma de otra bebida. Este no era mi trago de siempre. Ya me daba igual, así que lo bebí sin chistar, sintiendo como mi garganta parecía prendida fuego por la fuerza del alcohol. Podía percatarme de una mirada clavada en mi persona, pero le dejé ser, estaba acostumbrado a los ojos curiosos por mi cola y orejas.

Aún intentaba quitarme ese horrendo sabor de la asquerosa sangre de aquellos imbéciles cuando una voz me distrajo, haciendo que mis orejas se alertaran al igual que mi cola. Ladeé un poco el rostro, lo suficiente para encontrarme con el origen de aquellas palabras. ¿Gato salvaje? Tsk, ¿quién se creía? Volví la vista al frente- Genio barato... -comenté sin importancia. Había notando aquellas amatistas que tenía por ojos. No había duda, definitivamente era un genio, aunque no sabía mucho de ellos. Solo los distinguía por sus ojos, como a la mayoría de las criaturas. En cierta forma me parecía excitante la idea de encontrarme con un ser tan poderoso, pero tampoco iba a ponerme de rodillas ante él. Lo poco que había escuchado de estas criaturas era que eran sádicos, aunque en este mundo, ¿quién no lo era?

Volví a ladear el rostro, observando ahora como tocaba el borde de su copa. Al instante mis orejas intentaron esconderse, bajando para no escuchar aquel sonido. Era extraño, casi hipnótico, pero mi atención se vio dispersa y redirigida hacia las personas del bar. Los sonidos, además del que generaba la copa, que llegaban a mis oídos eran excitantes, sensuales e incluso parecían sacados de una película porno. Giré mi torso, observando la orgía que comenzaba a mostrarse ante el genio y ante mí. Era fascinante. ¿Sería por lo que hizo con la copa? A pesar de querer volver la vista hacia el contrario, me quedé observando todo, relamiendo un poco mis labios ya que desde hacía un tiempo no tenía sexo con nadie, siquiera me había masturbado ni nada. La idea me hizo morderme el labio hasta hacerme sangrar, relamiendo ese nectar que me daba vida. "Tonto, deja de dañarte, en especial delante de un genio. No sabes de lo que es capaz" me regañé internamente. No debía demostrarme de aquella forma ante nadie, jamás. La simple idea de que alguien se atreviera a someterme o intentarlo siquiera me hacía reír. Los pocos que lo habían intentado

Volví mi torso hacia la barra, dispuesto a pedir otro trago, pero al ver que el estúpido cantinero no estaba simplemente me levanté un poco, trepé por la barra y tomé el tequila que tenía cerca. Una vez que lo tuve en mis manos, lo destapé, sirviéndome hasta la mitad del vaso para luego dejarlo sobre la mesa. Lo bebí de una vez para luego girarme y ver al genio de cabello largo- ¿Tú hiciste eso? -pregunté señalando con la cabeza la orgía que estaba a nuestro lado. Mi cola había despertado, por lo que se movía levemente, algo curiosa por su respuesta. Mis orejas estaban atentas a las palabras que saldrían de sus labios, aunque mi mirada no lo demostrara en absoluto. Parecía que simplemente quería pasar el rato. En realidad quería algo más, pero no iba a dejarlo a la luz ante nadie, solo con quien yo decidiera que se acostará conmigo.

Mientras esperaba a su respuesta desvié la mirada hacia el montón de cuerpos que había, aún moviéndose y buscando satisfacerse los unos con los otros. Puede que al principio me excitara, pero a estas alturas, esa imagen de seres sudados, jadeantes y malolientes; ahora era desagradable, al menos tan en conjunto. No me desagrada el sudor, los jadeos ni el aroma a sexo, pero la cantidad de personas me hacía volverme receloso. Prefería una sola persona o dos como mucho, pero cuando eran demasiadas parecía que me daba fobia a la gente. Aunque tampoco soy muy fanático de los grupos numerosos. Como dice el dicho: "Mejor solo que mal acompañado". Así había sido toda mi vida, y así seguiría hasta que me muera.

Creo que había penetrado a alguien demasiado fuerte, porque el olor a sangre llegó a mis fosas nasales rápidamente. Sonreí de lado y clavé mi mirada en cierta pareja, a la cual comenzaban a sumarse otros. Al parecer, aquella chica estaba disfrutando de lo lindo, a pesar del dolor que podía llegar a generarle ese acto. La sangre fluía, corriendo en finas lineas a través de sus piernas. Volví a relamerme, ya que, las veces que he tenido sexo, he terminado por morder y hacer sangrar a mi amante de cada ocasión. No es que fuera vampiro, pero el beber aquel líquido rojo me enloquecía de sobremanera.

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Re: Noche de copas [Privado]

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